EL CHANCHO O COCHE
El chancho vino del viejo continente, junto a otros animales llegó a estas ricas y nuevas tierras viajando en carabelas, entre pólvora y pertrechos con hombres fieros, aventureros y temerarios, que solo confiaban en la potencia de sus puños y en el filo de sus espadas.
Una vez en tierra americana avanzó junto a los invasores y se fue instalando en todos los hogares, con un espacio propio en una parte del patio o en un pesebre cerca de la casa, era el famoso chiquero, allí protegido de las inclemencias comía y dormía.
En cabana se quedó bautizado como coche y nuestro coche cabanista es un gran chancho, no es grandazo, coloradote, gringo; por que esos son chanchos zonzos, enfermos, artificiales, nuestro cochecito es alegre, juguetón, de color acochinado y rabito retozón, vive feliz chapoteando el lodo del chiquero y los desperdicios en la artesa o batea, gruñe osando en chacras y manantiales.
Cuando ya está grandecito empieza la ceba, ya no sale a la chacra se dedica solamente a comer; durante el día devoran celemines de cebada y maiz adicional a su ración de caldo y desperdicios de la cocina..
Después de cada comida nos gustaba rascarle la barriga y el lo disfrutaba, se echaba en el suelo y roncando se daba la siesta, sin sospechar la suerte que lo deparaba.
Cuando ya estaba gordiflón, cuando hasta los ojos se le perdían tras los párpados y ya no podía ni levantarse, comía echado, era un verdadero cebón y los cuchillos se afilaban.
El día escogido para el sacrificio se le engañaba rascando la barriga hasta amarrarlo de pies y manos y luego se le clavaba la puñalada; pero cuando ese día llegaba toda la vecindad se enteraba, alertada por los gruñidos primero y mas tarde por el aroma a chicharrones que inundaba el barrio, era una bonita costumbre compartir con vecinos y familiares el pecho en el almuerzo y los chicharrones con mote y salsa criolla en la tarde.
Este ser de carne sabrosa, elogiado por grandes poetas en todos los idiomas forma parte de nuestra cultura, su grasa o manteca daba sabor a nuestra semita, a nuestro pan, reventaba nuestra cancha y frejol o ñuña y realzaba el graneado de mote de trigo; sus agradables chicharrones y sus jamones al horno nos han hecho conocer la delicia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario