LA LIMPIA DE ACEQUIA
Desde el alto de conducto la gruesa voz del pregonero, dando lectura a la convocatoria a la “limpia de acequia”, se deja escuchar en los apacibles barrios de Pacchamaca y San Jerónimo; seguido de en grupo de niños curiosos este vozarrón se traslada al “alto de Cain” para repetir el pregón para los barrios de Trujillo y Huaymaca; por último, del mismo lugar pero esta vez simulando una bocina con las manos alrededor de su boca dirige el mensaje a Paracocha, Huambo y Lucumapamapa.
Ni bien se toma conocimiento del hecho en la casa la esposa va definiendo el fiambre que llevará el regante ese día y él escogerá la herramienta a utilizar , los agricultores que no pueden asistir al trabajo envían botellas de alcohol, coca y cigarro que los comisionados repartirán a los trabajadores ese día; los responsables de cada toma contactan con los chirocos o banda de músicos de su jurisdicción para que ese día en vez de tirar pico y lampa compensen tocando nuestra música que crea un ambiente muy especial.
Desde las 3 de la mañana se escucha el paso de los regantes por las silenciosas calles cabanistas, unos a pie otros a caballo.
“Lusho ya están pasando a la limpia”
Le dice la esposa y él responde con soberbia:
“Ahorita lo alcanzo y lo paso a estos caishentos “
Ensilla la acémila , guarda el fiambre en la alforja y parte por el camino a Huangayoc, a la distancia contempla la fila de luces que irradian las linternas de mecha o lámparas de carburo con las que se van alumbrando los caminantes; en este trayecto se van encontrando los de la toma de cabana a quienes le corresponde este año iniciar la limpia desde la entrada del callejón de Guacraparga aguas abajo hacia las 3 acequias; mientras los regantes de las toma de Huambo y Paracocha mas descansados llegan a Pachachaca y el mirador, donde iniciaran los trabajos aguas arriba hasta las “tres acequias” donde se encontrarán ambos grupos.
La fuerte helada del amanecer en la pampa del “quisuar” castiga el rostro de las jinetes, mientras los que caminan tienen en la coca su aliado para vencer la altura, los que llegan mas temprano con calma soplan su coquita ,y entre chistes y bromas se “Arman”.
“A ver chos tóquense la paja brava para comenzar la faena”
dice el comisionado y los chirocos rompen el silencio de la puna y empieza la música, con este bello marco los asistentes se anotan enseguida y van tomando sus posiciones: los macheteros van adelante rozando y eliminando los arbustos que en un año han crecido bastante, siguen los que llevan hoz ellos van segando la paja y yerbas, luego los picos y barretas van aflojando el duro sedimento acumulado, y finalmente los lamperos van eliminando todos los desechos al borde de las acequia, los que tienen algún problema de salud o los niños van cargando las alforjas y arreando las acémilas que han llevado los trabajadores; Uno o dos personas se responsabilizan del licor y con una copa van sirviendo a cada bracero,
“porque cuando cada uno toma a pico de botella el traguito no dura nada… se emborrachan rapidito”
Dice el comisionado.
La fila de braceros avanza a ritmo de “Mi casita en Alaypampa” “Guanchaco Pecho colorado” “El zorro negro” “neblina blanca” y otros temas del acervo musical popular cabanista, de pronto a la distancia se distingue el humo de la paja que quema el otro grupo.
“Miren carajo, esos chos de Paracocha están avanzando mas que nosotros” exclama un pueblerino.
“Trago carajo... Trago... Porque conmigo se han metido estos mal envueltos” reta otro belicoso regante y así, estimulados por la música, el alcohol, la coca y el orgullo de llegar primero a las 3 acequias, se avanza en la limpia.
Al promediar la mañana un cansado lampero reclama “Ya está alto el sol necesitamos una armada” ¡Siii una armada¡ contesta el gentío; en este primer descanso el comisionado entrega su ración de coca a cada uno y enseñando las botellas de alcohol les dice:
“miren chos no queda mucho trago, hay que medirse“, con esas recomendaciones echan su armada y sigue el trabajo; de rato en rato los reclamos de ¡Trago! ¡Trago! Hacen correr al copero y circula mas rápido la botella, todos están picados, es medio día y los regantes de cabana que bajan y los paracochinos que suben se ven a la distancia, ambos apresuran pues están en el último tramo del trabajo; los macheteros de Cabana junto con sus chirocos están llegando primero a 3 acequias y en señal de triunfo tocan una diana, enseguida con gesto solidario dicen:
“Vamos a remudar a los lamperos”
Quienes empapados de sudor se aproximan a la meta, atrás ha quedado un grupo de "machazos" champeando un cascajo que deja filtrar mucha agua, cuando éstos terminan y llegan al final, parte de los que suben también están llegando.
“Aprovechan por que no ha venido toda nuestra gente”
Se queja un Huambino, pero así entre irónicas sonrisas, reclamos y retos se han dado el encuentro en 3 acequias, los amigos se saludan, los compadres se abrazan y los mas beligerantes buscan cualquier pretexto para liarse a golpes, los comisionados dicen “Todos almorzar”, y en efecto todos cogen sus alforjas y hacen grupos según el grado de afinidad que los une y extendiendo los manteles sacan los rebosantes platos de frejol reventado, los mates de cancha de maíz paccho, las tortillas, el médano, las cachangas, los dorados cuyes, así como picantes y coloradas rodajas de rocoto; algunos tímidos y solitarios se ubican en un lugar discreto y comen solos su fiambre.
Cuando concluye el almuerzo los regantes sacan sus botellas que han llevado para ellos y continúan bebiendo hasta que inician el retorno por grupos comentando las anécdotas del día, al cerrar la noche se escucha por las calles huaymaquinas los chirocos y voces que dicen ¡ Viva Paracocha! Otros responden ¡Viva Huaymaca!, otros con ánimo concertador espetan ¡Viva Cabana! Y así se ha dado fin a un grandioso día de trabajo comunal que se repetirá el año siguiente.
A partir de ese momento la acequia del pueblo que es la arteria principal del complejo sistema de riego que lleva la cristalina agua al último rincón cabanista queda expedita.
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